En 1985 cuando Michael Jordan estrenó estas zapatillas en partido oficial no solo empezó a reescribir su historia, también cambió el negocio del baloncesto para siempre.

En 2022 quise inmortalizar este icono deportivo congelándolo antes justo de que el 23 de los Chicago Bulls saltara por primera vez con ellas puestas dentro de una cancha de baloncesto.

Ese gesto rebelde cambió muchas cosas.

Antes los jugadores solo podían llevar las zapatillas blancas, estas, diseñadas con los colores de los Bulls, eran un desafío a lo establecido. La prohibición y las multas que impuso la NBA al jugador (todas ellas pagadas gustosamente como inversión de marketing involuntaria por la marca deportiva responsable) no hicieron más que aumentar la leyenda, y la ansiedad de la juventud de aquella época para hacerse con un par.

El negocio del deporte cambió ese día para siempre, nunca volvió a ser el mismo ni para aficionados ni para deportistas (que empezaron a forrarse vendiendo zapatillas) después de que Jordan atravesara la línea de banda calzándolas por primera vez.


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